McMindfulness
¡Detenida por fraude espiritual! ¿Y las razones?
Querer enseñar a los demás desde un pedestal, convencida de que ya he dominado mis zonas oscuras. Ir de profunda, pero que mi identidad, en el fondo, siga atrapada en el victimismo y en traumas pasados. Adornar mis redes con contenido estético y divino, pero vacío de contenido sólido y mucho más vacío de una verdadera transformación interna... Y creo que hay más 😅 ...
Afortunadamente, creo que no me van a meter en el talego, pero debo confesar que yo sí encarcelaría a unxs cuantxs por practicar y promocionar Fasto Food espiritual. Antes de que termine en prisión, no por por fraude espiritual sino por decir verdades como templos (nunca mejor dicho). ¿Quieres saber por qué digo ésto?
Llevo tiempo practicando lo que comercialmente se nos ha dado a conocer como mindfulness (atención plena) y también lo imparto en mis talleres con niñxs, sin embargo, mantengo una mirada crítica con respecto a la manera en que se está difundiendo masivamente esta corriente y me gustaría exponer aquí el enfoque desde el cual yo lo concibo y lo trabajo, y desde qué mirada considero que el mindfulness puede resultar realmente transformador.
El mindfulness parece haberse convertido en la píldora mágica mitigadora de todos los males de nuestra sociedad asfixiante: reduce el estrés, disminuye las preocupaciones, aumenta la concentración, mejora el rendimiento… Todas las instituciones, incluyendo las escuelas, por supuesto, han empezado a incorporar el mindfulness a sus actividades, siendo ya un fenómeno de masas.
Pese a que el mindfulness hunde sus raíces en la tradición budista y, en su origen, está contextualizado dentro de un marco ético y humanista, promoviendo el bienestar colectivo, actualmente se le ha despojado de cualquier vínculo religioso, espiritual e incluso ético y se ha reducido a una simple técnica. De este modo, se ha logrado convertirlo en un producto comercial mucho más vendible y atractivo al público, pero, claro, se le ha eliminado lo esencial: su finalidad liberadora.
Este es un claro ejemplo de cómo la cultura globalizadora basada en los mercados y el sistema hiperconsumista atomiza cualquier movimiento o corriente divergente que cuestiona sus principios y estructura y que nos impulsa a generar una mirada anti opresora. El sistema los subsume, despojándoles de su esencia, creando una versión desvirtuada y adaptada a sus necesidades, para que así pierdan la fuerza amenazadora que tienen sobre el discurso hegemónico.
Numerosas investigaciones han evidenciado el beneficio del mindfulness en la reducción del estrés y en la mejora de la atención y, desde luego, no es mi intención discutir ésto, más bien lo corroboro y podría incluso extenderme en otros muchos aspectos de la salud física y psicológica para los que es favorable. Pero la cuestión es: ¿Sólo es eso? o mejor dicho, ¿Sólo debe ser eso? ¿Una mera técnica para aliviar el estrés sin que lo sustente ningún otro propósito ni intención más elevada? ¿O es una forma de vivir que debe emerger de una nueva conciencia humana y social? ¿No será acaso caer en una trampa comprar un modelo de mindfulness que promete aligerar el malestar que padecemos, en lugar de convertirlo en una herramienta cuestionadora de la propia estructura opresora que genera ese malestar?
Si la empresa asfixia al trabajador, ahí está el mindfulness para disminuirle el estrés y que así rinda mejor y produzca más; si la escuela ahoga cualquier intento del niño por expresar su naturaleza libremente y éste reacciona con conductas disruptivas, ahí está el mindfulness, para que el niño se aquiete, trabaje con mayor concentración y responda de manera más eficaz a las demandas de la institución. El mindfulness se presenta como el remedio al que agarrarnos ante el malestar que genera un sistema enfermizo que logra que nos acomodemos a él y terminemos asumiéndolo dócilmente… y todos tan contentos, con el parche puesto y sin cuestionar nada. El sistema ha conseguido lo que pretendía: continuar perpetuando inteligentemente su dominio para lograr sus fines: mayor productividad, mayor conformismo, niños domesticados, etc. Además, se nos persuade de que el bienestar depende sólo de nosotros, de nuestra actitud personal.
Personalmente abogo por otro modelo de mindfulness, un modelo que no instrumentaliza el estrés ni el malestar de nuestra sociedad, que no lo pone al servicio de las demandas del sistema y tampoco lo patologiza, sino que nos ayuda a cuestionar las raíces del mismo y contribuye a generar una mayor conciencia ética y responsabilidad social. Y en lo educativo, apuesto por un mindfulness que se enmarca dentro de una pedagogía crítica que nos ayuda a ser más conscientes de cómo hemos normalizado e interiorizado la opresión y que pone el énfasis en la interdependencia entre todo y todos, para que nada ni nadie nos sea indiferente.
Ahora que se ofrece la posibilidad de que lxs niñxs experimenten el mindfulness en numerosos espacios, me gustaría cuestionar el enfoque sobre el mindfulness sólo como una actividad de una hora semanal que les encajamos a nuestrxs hijxs dentro de una vida escolar estresante y una agenda agobiante de extraescolares, para que puedan gestionar mejor su “nerviosismo”, centrarse y así sacar mejores resultados a final de curso. Esa no es mi idea, desde luego. Es preferible no “calzarles” como sea ese tiempo de mindfulness, si no va estar en coherencia con nuestras vivencias cotidianas y con los principios que rigen nuestras vidas.
Por eso, animo a todos los padres/madres y personas responsables de la educación de lxs niñxs, que nos comprometamos a ir generando una conciencia cuestionadora de nuestras estructuras de vida y vayamos incorporando una mirada “mindful”, en el sentido más amplio del término, a nuestra cotidianeidad, en el que participemos todos y nos transforme a todos. La decisión de ofrecerle a nuestrx hijx la oportunidad de que dedique un tiempo semanal concreto a practicar mindfulness compartiéndolo con sus iguales, tiene que estar vinculada a un compromiso con nosotros mismos de llevar una vida más despierta, más coherente, más sana, en la que todos nos hagamos más conscientes de todos los condicionamientos, también sociales y culturales, que nos impiden ser plenamente quienes somos. Tiene que ser concebido como un tiempo que sin duda puede encender una chispa de consciencia y conciencia en lxs niñxs, pero que luego debemos acompañar como adultos el resto del tiempo y extenderla al resto de áreas de nuestras vidas.
¿Tú crees que me meterán al trullo por decir ésto?